El placer de la cata

Elegir y degustar un vino puede convertirse en un aprendizaje constante, divertido y saludable que nos acerca a un reconocimiento personal en el ejercicio de nuestras propias capacidades.
Más allá de la acción de beber vino, está la posibilidad de someterlo a nuestros sentidos, juzgarlo, describirlo y reconocer, a través de la memoria, el gran abanico de sensaciones y placeres que puede evocarnos y, desde luego, definir subjetivamente nuestras preferencias.

Al catar, empleamos los sentidos: vista, olfato, gusto y tacto, capaces de percibir diversos estímulos sensoriales, que emiten los casi 400 componentes existentes en el vino.

La vista nos permite medir dos aspectos importantes:

  • El color en cuanto a su intensidad, matiz, vivacidad, evolución.
  • El aspecto físico respecto a la consistencia del líquido, densidad aparente, limpidez, brillantez, efervescencia, etc.

El olfato, uno de los órganos más completo y agudo, nos permite conocer 1000 veces más que el gusto. No todas las moléculas pueden generar una impresión olfativa. Las que sí pueden hacerlo pertenecen a unas pocas familias químicas y son mayoritariamente de origen biológico, volátiles y se difunden con rapidez en el aire. Los vinos pueden presentar en su conjunto una gama especialmente extensa de aromas, de modo que una sola copa puede proporcionar una gran variedad de intensidades y matices.

Los aromas primarios son aquellos que provienen de la uva y su entorno eco-climático. Los aromas frutales primarios de cada variedad, los matices herbáceos, y los rasgos relacionados con el terruño pertenecen a esta categoría.

Los aromas y sabores secundarios son los que se producen durante la fermentación y elaboración. Algunos vinos presentan caracteres que recuerdan a las levaduras, maderas y elementos propios de esa etapa.

Los aromas y sabores terciarios son los más complejos, y se producen durante el período de maduración del vino. Muchas veces, estos aromas no son producidos por sustancias particulares, sino por la combinación de éstas en la botella. Esta sensación olfativa propia de los vinos añejos, llamada bouquet, no es otra cosa que una sutil conjunción de aromas terciarios.

El gusto y el olfato, son los órganos fundamentales de la cata. El sentido de gusto detecta, a través de las papilas, 4 sabores fundamentales: dulce, amargo, ácido y salado. Sabores que provienen de sustancias solubles en la saliva.

El vino se elabora para beberse, disfrutarse y, sobre todo, compartirse, como las mejores cosas que nos otorga la vida.

 

 

 

 

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